jueves, 12 de agosto de 2010

ultima parte del discurso de alem

Yo nunca olvidaré la noble y altiva eonducta de la juventud argentina, euando corrió presurosa hasta los campos sangrientos del Paraguay; y allí, entre los fulgores rojizos del combate exterminador, cada joven luchaba heroicamente y moría con sonrisa plácida, salundando con su última mirada las fajas gloriosas de nuestra bandera.do con su última mirada las fajas gloriosas de nuestra bandera! Y bien, señores; al terminar, os confieso que mi corazón se llena de alegría en presencia de este movimiento varonil, noble y levantado de la juventud, que así demuestra que posee la más grande cualidad del hombre : el carácter. Conservadlo siempre puro, moral y justiciero; no desfallescais en esta grande obra que iniciais llena de fe y de entusiasmo, y si alguna vez necesitáis la ayuda de un hombre joven de largas barbas, pronunciad mi nombre, y correré presuroso a ocupar mi puesto con el ardor, la fe y la esperanza de los primeros años !

discurso de alem

Conciudadanos: Quiero, ante todo, saludaros con el mayor entusiasmo, y luego, de inmediato, pedir a esta altiva y generosa juventud que me perdone por el juicio que de ella me había formado, pues confieso que no hace muchos meses, y en una carta que dirigía a un antiguo y valeroso compañero de las luchas cívicas y actualmente en Europa, le expresaba la profunda decepción que me inspiraba la actitud de la juventud tratándose de la cosa pública. -Ya no hay jóvenes en la república -le decía; -los ideales generosos, las iniciativas patrióticas no cuentan con su apoyo ni con su entusiasmo; los que se titulan jóvenes no lo son sino en la edad, porque cuando se les habla de la patria, de los sacrificios patrióticos o del cumplimiento de los derechos cívicos, reciben esas palabras con un solemne desprecio, considerando que tales asuntos sólo pueden preocupar la mente de los ilusos, de los líricos, cuando no dicen de los tontos; y agregan que en nuestros días la política ha cambiado de giro y que hay que ser más prácticos, adoptando otra política basada en el positivismo,y titulándose, los que de tal manera piensan y proceden, hombres prácticos, grandes políticos, sabios y de talento. .. Fué, señores, en presencia de estos hechos que mi espíritu entrevió los grandes males que surgían del falseamiento de las instituciones, y que yo creía que la juventud miraba indiferente y por eso me expresaba en palabras tan amargas con respecto a la situación política del país. Pero ahora, y en presencia de este movimiento reaccionario iniciado por la juventud, he comprendido mi error, y al comprenderlo me complazco en exhortar a esta misma juventud valiente y decidida, a continuar con orgullo la senda que señalaron con su sangre y con su ejemplo todos nuestros gloriosos antepasados ! ¡Ah ! señores. Nada satisface más íntimamente y retempla mejor el espíritu, que recordar con acentuada veneración los esfuerzos desinteresados y patrióticos de aquella juventud, que abandonando la cuna de sus más caras afecciones, cortando algunos el curso de sus carreras universitarias, y despreciando todos sus intereses personales, corría, llena de bríos y de santo patriotismo, a formar en las filas del ejército, que se coronaba de gloria en las batallas libradas por la libertad y el honor nacional !
¡No importa! Todavía puede hacer mucho. Pertenece principalmente a las nuevas generaciones. Ellas le dieron origen y ellas sabrán consumar la obra: ¡deben consumarla!
Entrego, pues, mi labor y mi memoria al juicio del pueblo, por cuya noble causa he luchado constantemente.En estos momentos el partido popular se prepara para entrar nuevamente en acción en bien de la patria. Esta es mi idea, éste es mi sentimiento, ésta es mi convicción arraigada, sin ofender a nadie. Yo mismo he dado el primer impulso, y, sin embargo, no puedo continuar. Mis dolencias son gravísimas, necesariamente mortales. ¡Adelante los que quedan! ¡Ah, cuánto bien ha podido hacer este partido, si no hubiesen promediado ciertas causas y ciertos factores!
Ahí están mi labor y mi acción desde largos años, desde muy joven, desde muy niño, luchando siempre de abajo. No es el orgullo el que me dicta estas palabras, ni es debilidad en estos momentos lo que me hace tomar esta resolución. Es un convencimiento profundo que se ha apoderado de mi alma en el sentido que lo enuncio en los primeros párrafos, después de haberlo pensado, meditado y reflexionado en un solemne recogimiento.
He dado todo lo que podía dar; todo lo que humanamente se puede exigir de un hombre, y al fin mis fuerzas se han agotado... y para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir. Entrego decorosa y dignamente todo lo que me queda: mi última sangre, el resto de mi vida. Los sentimientos que me han impulsado, las ideas que han alumbrado mi alma, los móviles, las causas y los propósitos de mi acción y de mi lucha en general, en mi vida, son, creo, perfectamente conocidos. Si me engaño a este respecto, será una desgracia que yo ya no podré ni sentir ni remediar...

ultimas palabras

Momentos antes de su muerte, Leandro N. Alem escribió un testamento político y lo dejó bajo sobre, con un rótulo que decía: “Para publicar”. He aquí su contenido:He terminado mi carrera, he concluido mi misión. Para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir. ¡Sí, que se rompa, pero que no se doble!He luchado de una manera indecible en los últimos tiempos; pero mis fuerzas, tal vez gastadas ya, han sido incapaces para detener la montaña... ¡y la montaña me aplastó!
Tío y educador de Hipólito Yrigoyen, quien será presidente argentino inaugurando el voto secreto y obligatorio de la famosa Ley Sáenz Peña.Alem se recibe de abogado en la Universidad de Buenos Aires e instala un estudio jurídico con su amigo Aristóbulo del Valle. Adepto a los krausistas españoles Ahrens y Giner de los Ríos, al igual que su sobrino. También fue un importante dirigente de la masonería.
Leandro Nicéforo Alem (cambió la última letra de su apellido para no ser discriminado por el recuerdo de su padre ), queda en la pobreza junto a su madre Tomasa Ponce. Desde muy pequeño ingresa como voluntario en el ejercito. Luchó en las guerras civiles de Cepeda ( 1859) , Pavón ( 1861) y Paraguay ( 1865).




Deprimido por las derrotas, sintiéndose un obstáculo para la marcha del partido por su enfrentamiento con Hipólito Yrigoyen, se suicidó el 1 de julio de 1896 en el coche que lo llevaba al Club del Progreso. Sus restos descansan en el Cementerio de La Recoleta, en el mismo Panteón con Hipólito Yrigoyen, Arturo Umberto Illia y Raúl Alfonsín.

mas sobre revolucion

Una vez liberados los líderes radicales, y ante la evidencia de que el gobierno nacional volvería a impedir por todos los medios su acceso al poder mediante elecciones, la Unión Cívica Radical comienza a reorganizarse y preparar un nuevo levantamiento armado, la Revolución de 1893, en donde Alem llegó a ser proclamado por los insurrectos Presidente de la Nación, en Rosario, pero que volvió a fracasar por graves errores de conducción. Para entonces su sobrino Hipólito Yrigoyen, quien se había hecho fuerte organizando la UCR en la provincia de Buenos Aires, cuestionaba sus condiciones para el liderazgo del partido.

seguimos con revolucion y union civica radical

Antes, en las elecciones legislativas del 15 de marzo de 1891, fue elegido senador nacional junto a Aristóbulo del Valle.
El 15 de agosto de 1891 la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical proclamó a Bernardo de Irigoyen como candidato a presidente. Pocos días antes de las elecciones, el 2 de abril de 1892, el presidente Carlos Pellegrini denunció falsamente un complot radical para tomar el poder y asesinar a los principales funcionarios. Inmediatamente decretó el estado de sitio y detuvo a los principales líderes radicales, entre ellos Alem. En esas condiciones represivas y sin la participación de la Unión Cívica Radical, se realizaron las elecciones del 10 de abril en las que resultó elegido presidente Luis Sáenz Peña.